Cuando la soledad se transforma en belleza.

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"Estaban unidos por un hilo invisible, oculto entre mil cosas de poca importancia, que sólo podía existir entre dos personas como ellos: dos soledades que se reconocían."

He terminado de leer "La soledad de los números primos", de Paolo Giordano, en un año de mi vida donde abundaron los poemas y las tazas de café a las cuatro de la tarde.

Sin embargo, fueron pocos -poquísimos- los textos de más de cien páginas continuas que leí, exceptuando a Murakami (quizás pueda culparlo a él por mi descuido).

Pero twitter -mis caracteres más recurrente del 2011- y su hashtag #librospararegalar me presentaron la oportunidad de indagar en el auto obsequio decembrino. Así descubrí a Giordano y su forma de plasmar tanta belleza en medio de la soledad.

Encontré afinidades que no buscaba.

Lloré por Mattia y Alice.

A decir verdad, lloré por mí. 

Y luego, terminé sonriendo, como en la última frase del libro: "Sonrió al cielo terso. Con un poco de esfuerzo podría levantarse sola."

Puedo levantarme sola. Y seguir leyendo.